El Corazón de Paz
El amor entre un padre y su hija cambia la historia de un vecindario.
En el viejo edificio al final de la calle, vivía un hombre al que llamaban: el cuidador de palomas. Nadie sabía quién era, ni desde cuando vivía ahí, pero se creía que era la persona que tenía más tiempo en todo el vecindario. El barrio entero supo de aquel hombre por el extraño acontecimiento que se daba a inicios de primavera cada año.
Cuando la temporada empezaba a cambiar, por todos lados se veían sembradíos de tomate. Y su cosecha era tanta, que por todos lados era de color rojo. Fue tanto así, que se convirtió en un atractivo turístico ya que, al verlo desde lo más alto, no solo se notaba esa parte de la ciudad toda de color rojo, sino que también el contorno tenía la forma de un corazón. Lo que por mucho tiempo nadie sabía era, ¿quién había sembrado los tomates?
Con el tiempo, la gente se dio cuenta que las semillas venían de las palomas que volaban alrededor de la ciudad. Pero lo que todos se preguntaban ahora era, ¿de dónde venía el tomate que obviamente habían comido? Y fue así como dieron con el lugar de donde todas las palomas siempre iban y venían; aquel viejo edificio al final de la calle. Así, conocieron también de un hombre viejo y solitario que vivía en la azotea y que le gustaba cuidar y alimentar a las palomas; en especial con semillas de tomate. Lo que nadie nunca supo fue ¿por qué tomate?, y ¿por qué solo durante esa temporada? Y más que conocer la respuesta, la gente sacaba sus propias conclusiones. Muchas cosas se decían de él, pero la mayoría eran inventadas.
Una de las personas que también tenía bastante tiempo ahí, era una anciana que tenía una pequeña bodega cerca de su edificio. Cuando ella llegó, él ya estaba ahí, pero no estaba solo como ahora. Y antes de morir, les contó a sus nietos la historia de aquel hombre.
Vivía con una mujer; parecía su pareja. Siempre paraban juntos y parecía que una vez estuvieron por empezar una familia porque recordaba haberla visto embarazada. Pero después de unos meses ya no los volvió a ver más. Nunca fueron a su bodega otra vez, ni los vio caminar por las calles del barrio como solían hacerlo. Y después de un tiempo, llegó el rumor de lo que había pasado. Resulta que la mujer sí estaba embarazada; iban a tener una niña. Solo que se presentaron unas complicaciones y lamentablemente perdieron a su bebé. La noticia los derrumbó por completo. Poco a poco se iban abandonando y no querían saber nada de la vida, ni de nadie.
Un día llegó una ambulancia al edificio donde vivían. Los vecinos se amontonaron a ver lo que estaba pasando y unos hombres sacaron a una mujer en camilla. El parte policial notaba que la mujer se había intentado matar. Y fue gracias a su esposo que la ayuda médica llegó a tiempo para salvarle la vida. El parte médico notaba que la mujer había caído en una fuerte depresión a raíz de la perdida de su bebé. Y fue por eso por lo que, al no poder vivir con ese dolor, había tratado de acabar con su vida. Había cosas que la medicina no podía hacer, y una de esas era devolverle a su hija.
Él también pasaba por un profundo dolor y sentía que su duelo sería eterno. Pero lo que había tratado su esposa, aunque sí pasó por su cabeza, nunca se atrevió a hacerlo. Los médicos le informaron que su esposa no había quedado bien; su salud había empeorado y tuvo que ser internada en un centro de cuidado especial. Aunque técnicamente permanecía casado, se había quedado solo.
Por muchas noches, el hombre lloraba al pie de su ventana. Pero hubo una vez que estuvo a punto de saltar, y cuando estaba por dar el paso, llegó una paloma y se posó al pie de la ventana. Al instante, él se detuvo y se miraron. Luego, la paloma se fue. Era difícil de creer, pero él sentía que fue su hija quién lo salvó. Para su sorpresa, al día siguiente la paloma se volvió a aparecer. Y después al día siguiente también. Y así, los demás días. Y día a día, noche a noche, los dos se encontraban al pie de su ventana.
Muchos años pasaron y se dejó de saber de él. La gente del barrio pensó que se había mudado. Pero fue por la repentina crecida de tomate que la gente se dio cuenta que era por la gran cantidad de palomas que venían de aquel edificio al final de la calle. Y después de investigar, la gente que vivía en ese edificio se dio cuenta que en la azotea había una pequeña vivienda y unos palomares antiguos, pero bien cuidados. Y fue así como conocieron al cuidador de palomas; un hombre viejo con canas en el pelo y en su gran barba, que dedicaba todo su tiempo a cuidar a sus palomas. Ellas se iban, pero siempre regresaban.
La anciana contó que la razón por la cual él les daba tomate a las palomas era porque durante los primeros meses del embarazo, su esposa estuvo con antojos de fideos con salsa roja; algo que ella nunca comía. Entonces dedujeron que era por su pequeña que ya desde la pancita se hacía notar; y él se lo empezó a preparar más. El motivo porqué solo les daba tomate durante esa temporada era porque alrededor de ese tiempo su pequeña iba a nacer. Pero tristemente eso nunca pasó.
Con el tiempo, la anciana falleció y aquel hombre también. La gente se dio cuenta de esto cuando una temporada, al no haber quien alimente a las palomas, no hubo sembradíos de tomate. Por lo tanto, esa parte de la ciudad dejó de verse de color rojo. Sin embargo, para las siguientes temporadas, el barrio entero, y turistas incluidos, se encargaron de alimentar a las palomas y sembrar las semillas de tomates por todos lados. Se volvió una tradición hacerlo.
Ellos habían elegido el nombre de Paz para su pequeña. Y fue por la historia de aquel hombre, y en honor al gran amor de un padre a su hija, que al barrio se le llegó a conocer como “El Corazón de Paz”.
That is the end of El Corazón de Paz. Thanks for reading.
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